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Un mercado que sigue a oscuras.

FUENTE: Revista EuropaCork (Marzo 2009).  

Tanto los productores del corcho como los industriales juegan al enredo si hablamos en términos económicos. Tienen, en la mayoría de las ocasiones, versiones totalmente encontradas cuando se trata de hablar de balances económicos y analizar cuál es la situación actual que atraviesa el sectro, aunque ambos coinciden en señalar que “hay apuros”.

Hay voces que indican que la raíz del problema está en que las administraciones no hacen cumplir las leyes que exigen detallar al productor de corcho los quintales recolectados en cada extracción. Esto despejaría todo tipo de dudas sobre el volumen de la oferta existente y los precios podrían establecerse sobre cantidades reales. Además, el abanico salarial con que culminan las transacciones comerciales del sector es tan amplio que resulta muy dificultoso sacar el precio medio. Aquí entran en juego varias estrategias. Por un lado, los productores vienen denunciando enormes pérdidas en sus cosechas e incluso la posibilidad de no realizar la saca en la temporada ante el desplome de los precios. Además, acusan a los industriales de hacer conjuras para bajar el coste y pagar menos por la materia prima.

Por otro lado, los industriales dicen que los productores siempre intentan hacer creer que hay menos producción de corcho de la que realmente existe, con el objetivo de exigir un precio más alto a los industriales que necesitan comprar el corcho.

Todo ello resta transparencia a este mercado, en el que además, tampoco existe una homologación de calidades para el producto al que se destina el 80 por ciento de la producción corchera, los tapones para vinos. Cada comercializador tiene su propia escala de calidad y a la que otorga un precio distinto. Al final resulta que el mercado está saturado de múltiples tapones que se denominan de manera muy diferente, pero que, en esencia, son productos idénticos. Eso sí, en cuanto a precios, no hay similitud que valga, y el mismo tapón en mercados distintos se vende a precios muy dispares.

Loúnico que sí parece estar claro es que la crisis no está haciendo una excepción con el sectro corchero y que tanto productores como industriales afirman estar pasando por momentos difíciles. De hecho, si hasta finales de los años 90 el corcho lideraba el tapamiento de vino, hoy en día el sector ha perdido hasta un 30 por ciento de cuota de mercado por la confluencia de determinados factores. Aquí interviene el descenso a nivel mundial del consumo del vino, con el consiguiente receso de la demanda de estos cierres. Sin embargo, no todos los productos está afectados de la misma manera, siendo el sector del tapón natural el que más saneado se encuentra. A la reducción de la demanda de cierres de corcho para las botellas se suma la concentración de la oferta en cada vez menos grupos empresariales, la aparición de tapones alternativos como plástico o la rosca y la tendencia a la pérdida de calidad de materia prima, por entre otras razones, la falta de cuidados selvícolas.

Ante este paronama, poco alentador, el sector no puede más que seguir trabajando por clarificar el mercado y aumentar la calidad del producto, con el objetivo de hacerlo mucho más competitivo, ya que es el único ítem que no entiende de crisis. tanto expertos del instituto de Corcho, la Madera y el Carbón Vegetal de Extremadura como la asociación de empresarios del corcho de Cataluña, Aecork, coinciden en que “no es momento de lamentaciones y hay que ponerse las pilas”, pues “el producto de calidad tiene asegurada la venta, ya que es la mayor exigencia que impone el mercado”.